Creo que se alimenta de mi dolor.
Cada fracaso mío - bastante comunes desde que le tengo lejos- se traduce en sus ojitos brillosos.
Las caídas diarias que experimento son los triunfos que jamás obtendría de otra manera.
Me hundo y aprovecha de alzarse como Dios Supremo.
Lloro, lloro mucho y él aprovecha de surfear entre las olas, al dominar la más grande celebra.
Cada risa que no dibujo es un lote de carcajadas que libera e inunda de alegría su cuarto.
El beso que no doy, el sexo que no tengo equivale a un orgasmo suyo, un orgasmo que ha causado a otra.
Siempre hemos sido inversamente proporcionales.
Yo lo amo con locura, locura de la mala y permito que robe lo mejor de mi.
Sacrifico todo por verlo sonreír.
Es un Dios o un monstruo, de ambas formas tiene poder, pero al final del día depende de mi
y con eso basta...

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