Aquí, donde el viento, literalmente, sopla fuerte y las
paredes tiritan de frío.
Aquí, donde la lluvia cae con pudor y timidez al
saber que rozará nuestros cuerpos.
Aquí, donde nunca es realmente noche y los amaneceres
no alientan a empezar.
Aquí, donde despierto, respiro, aprendo, sobrevivo.
Aquí, donde observo, canto, recorro y leo.
Aquí, no estás.
Y fin de la historia.
Y fin de la historia.
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